jueves, diciembre 22, 2005

Crónica de una Muerte Anunciada

En estos días, nos hemos enterado de una noticia espantosa, los diarios anunciaban que un padre arrojó a su hija desde un séptimo piso y agredió a su esposa. Todos se han ensalzado con el sensacionalismo de la noticia, pero nadie se ha percatado del trasfondo de la noticia, la tragedia que va más allá de sólo los hechos presentados. Con esto me refiero a las historias previas del victimario y la víctima. Tal vez pocos saben que estas dos personas son hijos de ejecutados políticos de la dictaura, quienes han vivido toda su vida dañados, psicológicamente exterminados, sin apoyos reales para superar los daños, sin una verdadera responsabilidad del estado en torno a recuperar a las víctimas en vida de la dictadura. Generalmente nos acordamos de los muertos, los desparecidos, los torturados y no del entorno de todos aquellos que fueron afectados directos por la maldad dictatorial.
Si bien en ningún lado estaba escrito que esta historia de amor debía terminar así, también está escrito que existen muchas personas con daños irreparables circulando por nuestro país y sin capacidad de superar y rehabilitar sus historias de dolor. Y todos los demás nos mantenemos al margen, no asumimos que somos una sociedad dañada, maltratada y maltratadora.
Es fuerte pensar que hay mucha gente que sólo quiere ser acogida, integrada, y que no somos capaces de ampliar nuestra mirada y decir aqui estoy, aqui está mi corazón para hacer de mi país y de su gente un mundo mejor, un mundo en paz, con genete que se trate como hermanos, que tengamos discrepancias sobre como queremos construir nuestra patria y el mundo pero aceptándonos los unos a los otros como seres legitimos, con derechos y deberes.
Hasta cuando vamos a soportar más dolor, mas muertes, más lamentos de dolor. Hoy recuerdo a mi muy querido amigo Luciano Carrasco, quien era hijo de José Carrasco Tapia (Pepone) periodista asesinado por agentes del Estado en venganza por el atentado contra Pinochet, este amigo mio nunca pudo superar la muerte de su padre y constantemente entraba en fases autodestructivas, hasta que un día no dio más y se arrojo al paso de un ferrocarril, como única medida para poner termino a su infinito dolor. Personalmente no quiero que existan más Lucianos, más Javiera Cabrera, más Alfredo Cabrera, ni más Claudia Neira que dañados por lo que ellos no hicieron cubran paginas de diarios y noticieros de televisión. Esto es un llamado al respeto.

1 Comments:

Blogger Marce said...

Comparto contigo la idea de que este tremendo y dramático titular está entretejido con la vida de sus personajes, los cuales resultan ser personas sobrevivientes de la feroz dictadura que vivimos como país.
Y aquí surge un tema de responsabilidades. Por un lado, como un país logra reconstruirse y acoger a todos los chilen@s, de manera inclusiva, construir democracia,valorar la diferencia y aprender la tolerancia. Tema pendiente, para los años concertacionista, es sin duda, la reparación, la verdad a medias, el pedir perdón y una justicia real.
¿Los daños se repararán? quizás no, pero aquí empieza la responsabilidad individual de asumirlos y trabajarlos, si es que se sigue creyendo en la vida, por cierto.

25 diciembre, 2005 20:28  

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